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24 jul 2009

La Cafetera de Charles


En realidad doy honor al nombre de este blog. Para los que no sabían, – creo que ninguno de ustedes sabía – sí tomo una taza de café cada vez que escribo una entrada. Pensé hacerlo como tradición y lo adopte de la manera más rápida y sencilla. Esas loqueras espontáneas de las personas…

Creo que fue en los auges exagerados que le daba al café que nació en mí la idea mas estupida (¿u original?) para el titulo de un blog; en uno de esos intentos fallidos de hacer algo diferente que acapare la atención total de todo lector cibernético que se tope con esta pagina personal tan descuidada, plana, y descolorida. Pensé que tal vez alguien, al igual que yo, sea lo suficientemente curioso como para buscar blogs que contengan alguna información sobre cafeteras, cafés, o Sabina. Quien sabe, es probable que sí la hayan encontrado y no hayan dejado huella alguna.

Creo que este gusto del café fue heredado por parte de la familia de mi madre. Desde que tengo uso de razón, todos los que conozco son tan dependientes a tomar café todos los días como yo. No se, diría que es algo normal ya que lo he visto todo el tiempo, pero se que esto no ocurre en todos los hogares Dominicanos. Es algo que lleva esa agua negra tan mugrienta que nos deja ese caliente y gustoso sabor dulce en el paladar.

Para tomar café no necesito grandes comodidades. En realidad el café cae solo. Se ha apoderado tanto de mí, que hasta colarlo se ha vuelto instintivo. Dentro de mi hipocampo, se alerta rápidamente a las 4:00 PM una actividad, si estoy en casa, de bajar a la cocina o salir de la terraza y encender la hornilla. No necesito preparar la greca ni nada de eso en el momento, ya que desde que me levanto y tomo café temprano en la mañana y se friega y se va a colocar la greca en su puesto, la tomo y la preparo para la tarde para que solo tenga que encender la hornilla. ¿Ven? (HAHAHA!) Pero no, no me crean adicto. Si no hay café en casa no me hace falta. Es como el dinero: si no lo tengo en el bolsillo, no lo gasto ni siento que lo necesito.

Es extraño, creo, este comportamiento de dependencia e independencia del café. Tomo café cuando estudio, cuando escribo un poema, cuando me siento a componer alguna canción que termino eliminando, cuando me levanto de la cama, cuando mi madre quiere tomar, cuando me lo ofrecen, cuando me siento un poco nostálgico y cuando me da la regalada gana.

Y todo dura lo que dura el humo en la taza, como por ejemplo ahora, que se me acabo el café y también la entrada.

13 mar 2009

El Latigazo



Cuando tenia como 12 años fui al dentista para sacarme una "andana." La única que me salio, gracias a Benjamin Franklin. Me anestesiaron la boca con un jeringuillazo que me tomo desprevenido. No tenia ni puta idea de que me iban a meter una jeringa en la boca, así que, al sentir el punchazo, me salio un "Ay coño" mental tan maricón que de recordarlo me da vaina. Como cuando te agarran la nalga en una fiesta donde no cabe un peo y tu te quedas como en el aire y como que no ha pasa'o na.

Pero, a la mierda. La dentista saco e'te alicate del tamaño del mundo de abajo de una gaveta, y me dijo, "Aguanta la cabeza que no te va a doler." Y en efecto, no me dolió. No tardó mas de 15 minutos el proceso, así que salí rápido de ahí para irme para mi casa.

Voy camino a una parada de transporte publico (eufemismo para "una esquina en una construcción pa' coger un concho"), y aun tengo la boca dormida por la anestesia. No sentía NADA. A mi me podían partir la boca con un bate de aluminio y te dolía mas a ti verlo que yo sentirlo. Una Mamba Negra se me podía embicar del bembe y yo me quedaba igualito.

El punto es que esta esta doña al lado mío esperando el con... El transporte publico, y me pregunta la hora. Hacía rato que estábamos ahí esperando por una guagua y no cruzaba ninguna. Yo veo el reloj y me tomo mi tiempito pensando que han pasado ya mas de 20 minutos desde que llegue a la esquina y seguimos esperando. La doña me pregunta otra vez por la hora, ya que no le conteste la primera vez, y ahí fue que ocurrió el momento épico de la historia.

Yo no me percataba, gracias a la anestesia, que tenia la boca abierta. Como no sentía nada, y eran las doce del día con hambre y el sol dándome en la teta de la frente, no le di mente a la anestesia ni a que no sentía la boca abierta, y por ende, no me daba cuenta del BABASO que me 'taba colgando de la boca. Cuando yo vire la cabeza salio ese LATIGAZO de baba paL la'o que yo pensaba que le iba a dejar una marca roja a la doña en el brazo si la baba le daba. Pero una vaina así como de relajo! El babazo fue tan épico, que se dividió en dos lados: Uno fue a darle a la doña, y el otro me dio una vuelta a la cabeza y me cayo en la oreja. Yo me quedo friquia'o y me veo el poloché enchumba'o de baba, y lo único que me cruzo por la mente fue, "La creta..." Pero yo, para hacer el momento mas conmemorativo, me paso la mano por la boca pa' secarme el litro de baba que aun tenia guindandome y le digo, "Faltan quince pa'la una (MMG)."

Hubo un silencio tan molesto y vergonzoso, que decidí caminar hasta que pasara esa guagua en la que ella se iba a montar y esperar la siguiente. Pero solo fue hasta que me vi el poloché otra vez que decidí bajar a pie a mi casa. No iba a montarme en una guagua llena de gente viéndome el poloché enchumba'o de baba y quien sabe si abría la boca sin darme cuenta otra vez.

No otra vez.


P.S. La segunda parte de las instrucciones vienen pronto. No me he puesto a escribirlas porque... Eh.. Eh...

Que bacano es este video!

11 ene 2009

El Hombre Pollo


Antes que nada, quiero aclarar que lo siguiente es una historia verídica, aburrida, y estúpida. No apta para personas de mala sangre. Se sugiere discreción.


"Agosto, 2004." "Creo yo que fue en Agosto..."


Tenia unos 14 años, un par de pelos en el pecho y algo de arbusto. Era un campamento de los "Boy Scouts" (cariñosamente Boy E'cao.) Fue algo simple: tres días, dos noches. No me iba a matar, y ya ansiaba por coger montes y lomas, dormir fuera de casa, y no estar bajo los ojos de mi vieja. La pubertad me había llegado con una voz mas ronca, pero seguía igual de gago, gordo, y feo. Era el tercero en mando de la patrulla "Pantera," y estamos acampando en una zona de la falda de la Quita Espuela llamada "La Bajada." Una total aventura. No podía pedir mas.

Recuerdo que esa noche comimos locrio de salami y maíz. Un locrio que no pudo haber estado mas "apata'o" ni ahumado. Literalmente me tragaba la comida, pero de qué iba a quejarme? Estaba en un campamento y eso era lo único que me importaba. Cero comida buena, agua de manantial, un río, juegos, competencias, madrugar, dormir,... Estaba en mis tierras. Libertad, lo hubiese llamado. Hicimos una fogata enorme, y nos sentamos en circulo alrededor de ella. El guía del campamento nos contaba lo que teníamos que hacer al otro día, el puntaje de cada patrulla, y como debíamos de hacer los turnos de vigilia.

Larga historia hecha corta. Sucede que se le ha ocurrido al guía contarnos una historia de un mito local que ocurría durante las fechas que nosotros íbamos a estar en el campamento. Se trataba de "El Hombre Pollo."

Así es como la recuerdo. Un hombre de "La Bajada" padecía de demencia y no dejaba que nadie en esa zona comiera pollos (Si, a cada quien le coge con lo suyo.) Los criaba, los alimentaba, y dormía con ellos. La gente, desesperada porque cada vez que compraban pollo en el pueblo y los traían siempre tenían que armar un pleito con el hombre del diablo ese no quería que nadie comiera pollo, ya no sabían que hacer. "No les hacen daño a ustedes! Para que se los quieren comer?" Decía. Pero nadie hacia caso, y ya la gente se estaba hartando. Una noche, porque siempre es de noche, algunos hombres se aprovecharon para robar algunos pollos de la casa del hombre pollo y se armó el reperpero. El hombre pollo se despertó, les voló encima a los ladrones con una ñapula (objeto punzón mas conocido como "lengue'mime") para defender a sus pollos, y los ladrones, defendiéndose del cabron ese, trataron de quitarle el arma, pero solo lograron herir a muerte al hombre pollo en el estomago. Salieron corriendo con varios pollos en mano, y el hombre pollo quedo ahí: Li'to, frío, seco. Pero como ustedes se han de imaginar, si recuerdan historias de bakás o fukús, nuestro querido hombre pollo no apareció muerto al otro día. En realidad, nunca encontraron el cuerpo. No cuerpo. No sangre. No nothing. Desaparecido totalmente. La gente se asusto, claro, pero a quien le va a importar un loco que no le deja comer pollos a un grupo de Dominicanos de campo? Por Dios, yo me hubiese alegrado. Felices por par de años, hasta que el cabron apareció esta vez estilo Bruja Blair. Seis cuerpos desnudos sin cabeza, incluyendo a los que lo mataron, con una cabeza de pollo en una mano. Y adivinen qué comieron esas personas ese día. Si, Watson, pollo. Cualquiera con sentido común se hubiese ido del maldito sitio en lo que dicen chuflay, pero nadie se fue. Buscaron y buscaron al hombre pollo, pero no había rastros de nuesto amigo ovíparo.

El incidente solo ocurrió ese día de Agosto en todo el año. Al año siguiente sucedió lo mismo para la misma fecha. La gente se friqueó, y decidió no comer pollo durante todo el mes de Agosto para no ser decapitados por el temible Hombre Pollo. Y a decir verdad, es un tanto escalofriante imaginar a un hombre con sus vísceras afuera y una ñapula del largo del brazo que solo quiere matarte por haber comido pollo. Yo me hubiese friqueado también. Pero era una historia, nada mas. Solo una historia. El susto era que todos habíamos comido pollo ese mismo día, y nuestro guía creía que había logrado su objetivo. Epic Fail, amigo. Solo una mujercita se hubiese asustado, y ni ellas se asustaron porque terminaron tripeando al guía. Pero el mundo no es perfecto. Alguien se creyó la historia de cabo a rabo. Y estaba en mi patrulla. Y era maricón. "Eduardo, e' verda' esa vaina? Ay Dio'! No! Nosotros' comimo' pollo' hoy! Ay me van a mata'! Eduardo, ayudame!" Pero nuestro subguía Eduardo estaba aburrido porque lo había botado la jeva, y lo mando al carajo y se fue a acostar a un lado. Ya iban a tocar el pito para irnos a dormir, pero desgraciadamente no había agua para nuestra patrulla. Eran las 11 y pico de la noche, y me mandaron a mi a buscar agua a un río al que apenas había ido esa tarde. Estaba oscuro y nublado, había llovido durante la tarde. Pero si el mundo es un niño jugando a ser malo, esa noche se paso de jugada y me la jodió to'a. Adivinen con quien me mandaron a buscar el agua. Otra vez en lo correcto, Watson: con el maricón. Yo no dije nada porque me lo ordeno el guía de la patrulla y debía de obedecer, pero maldiciones como las que pasaron por mi mente no están escritas.

Mi compañero el ave y yo, solos a media noche, buscando agua a un río que quedaba como a medio kilómetro de donde estábamos. Perfecto. Pero aun es mas perfecto porque el HdP se estaba casi cagando en los pantalones porque creía que el hombre pollo nos iba a cortar la cabeza en el río. Todo el camino me agarraba el poloché diciéndome que lo ayudara si sucedía algo. El cabron era mas alto que yo y mas fuerte. El quería que yo lo protegiera. Pero no le di mente. Solo quería irme a acostar porque al otro día había una competencia que nos iba a subir de nivel.
Llegamos al río, y le dije al ovíparo que enfocara la luz en el agua por si había una hoja flotando o quien sabe que mierda y se entraba a los potes.
Fue rápido. Todo paso rápido. Solo me faltaba un pote. Me hubiese llevado los que había llenado, pero no me cabían en las dos manos, y debía de correr. RÁPIDO. El cabron se mandó, sin yo darme cuenta, y me dejo en el río. Corrí. Corrí como nunca en mi vida. Corrí como que era lo único bueno que sabia hacer en ese momento. Me caí dos veces pero me levante el doble de rápido. Usain Bolt hubiese tenido vergüenza de el mismo. Lo único que me llego a la mente fue El Hombre Pollo. El Hombre pollo se había llevado a su amigo el ovíparo y le había cortado la cabeza a lo lejos, y ahora venia detrás de mi. Pero yo no me creí la historia. Para nada me la creí. O sea, no es posible. Pero era noche, no se veía casi nada, y yo estaba solo en un monte que desconocía. Es lógico que me hubiese friqueado.

Llegue a la fogata sin saber como. Estaba cortado en una rodilla y un codo por las dos veces que me caí, y había regresado sin los potes de agua. Con la lengua afuera, sudado como un caballo, solo caminaba hacia el grupo de gente. El maricón estaba rodeado por todo el mundo dando gritos y diciendo que yo estaba en el río, y que el me dejo allá porque había escuchado algo parecido a una gallina/pollo/"cocoteco-cocoteco" y solo pensó en correr creyendo que el hombre pollo nos iba a matar. El guía, para calmarlo, le dijo que no existe ningún hombre pollo, que esa fue una historia estúpida para darnos un poco de miedo, y que nada de lo que el contó era cierto. "Pero Adrian 'ta aquí", dijo uno que me vio, y eso fue todo.

Castigo al maricón por haberme dejado en el río solo, 10 puntos menos a la patrulla porque un miembro abandono a otro en una tarea y por eso quedamos en tercer lugar, y a volver pa'tra con Eduardo a buscar los potes que deje en el río, el contándome lo que le paso con la jeva, y yo quitándome la tierra de la rodilla maldiciendo mi primera noche en el campamento.